domingo, 18 de septiembre de 2011

WARLOCK DE OACLEY HALL

Warlock es una novela excelente. Desde el inicio plantea un argumento y una visión de la conquista del oeste digna de análisis. Un pueblo que acaba de nacer a la sombra de unas minas de plata tiene un problema que impide la convivencia pacífica: no tienen autonomía suficiente para tener sherif o alcalde. Es, por lo tanto, un pueblo sin ley, atormentado por unos granjeros-cuatreros-bandoleros, cuyo cabecilla, Abe McQuown, tiene amedrentado a todo el condado.
La novela presenta unos temas elementales en el género: la rapidez en desenfundar las pistolas convierte al más rápido en superviviente, el ayudante del comisario es un personaje singular, como el mismo comisario, pistoleros rápidos que tendrán que enfrentarse entre sí. Y un toque de amor y rencillas. Dos mujeres, Kate y Jessie en medio de un polvoriento pueblo fronterizo protagonizan cruces amorosos que explican buena parte de la contienda.
Pero no se queda en el tema de los pistoleros, sino que hay un trasfondo moral, dónde está el límite de la legalidad, la valentía y cobardía enfrentadas a la legalidad, el alcohol como motor de altercados, la explotación de los mineros y sus huelgas legítimas o no tanto, según quién lo mire. Y los temas secundarios propios de una sociedad en construcción, donde los deseos de la comunidad chocan con las aspiraciones de los poderosos y de la masa, la prostitución, el ajuste de cuentas, la justicia injusta, la solidaridad como solución final, etc.
Es una novela en clave realista sobre los cimientos de la sociedad americana. Los personajes viven en un pueblo abandonado de la mano de dios y tratan de civilizarlo, para lo cual necesitan unas reglas y alguien que haga cumplirlas. Para llegar a esa legalidad no dudan en tomar decisiones que no siempre son las mejores para todos. Y ahí entra el comisario pistolero, que es el más rápido con sus colt frontiers de oro, Clay Blaisedell, contratado por el Comité de Ciudadanos, selecto club de mandamases del pueblo que ostentan el poder económico. El ayudante del comisario, Gannon, está destinado a morir o largarse, dejando el nombre impreso en las paredes de la cárcel, sitio donde sucede buena parte de la novela.
La amistad y el odio pueden ser infinitos o modificarse, todo es posible en Warlock. Pero todo es apariencia, porque debajo de este argumento hay una reflexión moral de gran calado. En el centro de la novela está la figura del héroe, la lucha entre el bien y el mal con sus múltiples caras y aristas, la lucha entre el individuo y la comunidad, en fin, todo el entramado complejo que precede a una sociedad organizada y que busca un orden al precio que sea, aunque eso se lleve por delante la vida de hombres justos y otros no tan justos. De alguna manera es una novela épica, con las aportaciones propias del género del oeste, a través de la cual el autor plantea cómo se hizo una nación.
Tan compleja es la novela, con tantos niveles de lectura, que sus personajes tienen también recovecos suficientes para albergar un pasado intrincado y un presenta no menos lioso: desde el cruel Abe a la señorita Jessie, tan dada a la solidaridad, o el héroe Clay, la ligera Kate, el traicionero Morgan y el cabal Bud Gannon, que me parece el protagonista, si es que sobresale alguno en este grupo. A lo largo de la novela vamos desentrañando sus almas, comprendiendo ese mundo interior tan rico y atractivo, donde se enfrentan de una manera cruda los conflictos que antes mencionábamos.
El ritmo trepidante no deja lugar al desaliento o al cansancio. Los capítulos bien dimensionados van dando cuenta de la vida del pueblo desde varios personajes. La narración tiene una prosa excelente y exquisita. No es una novela de género sin ambiciones literarias, más bien al contrario, es una magnífica muestra de cómo hacer una novela del oeste contundente, apasionante, total, si puede decirse así, tierna al mismo tiempo que despiadada, que describe tanto a los personajes individuales como el sentir de la comunidad.
Si la novela tiene la aureola de mejor novela del oeste, lo tiene bien merecido. Por la claridad con que plantea los conflictos de la ciudad y de los ciudadanos, por la facilidad de los personajes tan antagonistas como Kate y Jassie, el juez y el cuatrero Abe, Morgan y Clay, y así hasta un sin fin de cuestiones.
Una novela digna de aparecen entre las mejores, por su complejidad y sencillez al mismo tiempo, por el retrato de sus personajes y por la profundidad de su planteamiento moral.
El país